LIBROS, METROS Y PASEOS
La semana pasada me fui al remate de libros que organiza el gobierno del DF en el Auditorio Nacional. Y oh cielos! no les miento pero compré cosas de OCHO PESOS. ¿Pueden creerlo? Hay de todo (y tienen hasta mañana jueves para ir), desde librerías como Ghandi hasta Porrua o el Fondo de Cultura Económica. Bueno, y también un montón de inútiles libros de superación personal.
Es cuestión de buscarle pero hay cosas buenas. También conseguí Las flores del mal por $25 pesotes. Nada mal. Otro más de Vargas Llosa para Mulder (que fue el mas costoso pero aún así costaba 1/3 del precio original).
De regreso, después acercarme en taxi me dirigí al metrobús y me topé con una chica desparpajada y desorientada queriendo pagar el pasaje con un boleto del metro. Para los lectores foráneos: metro y metrobús, aún con nombres parecidos son dos cosas totalmente distintas. Mientras el primero es el sistema subterráneo de transporte, el segundo es una suerte de camión doble que circula sobre Insurgentes por un carril único. En fin, la expliqué que necesitaba una tarjeta pero que sí no quería comprar una me diera el costo de un pasaje y usaramos la mía.
Después de acceder, resultó que ibamos para el mismo rumbo y nos fuimos platicando.
Era una linda chica argentina que llevaba meses explorando nuestro país: Inició en Playa del Carmen, paso todo el sureste, luego Oaxaca y ahora tenía una semana para conocer la Ciudad de México. De aquí se iba al bajío y terminaba en el noroeste. Le explique que tomara sus precauciones cuando pisara el desierto de Sonora que para el mes próximo tiene las peores temperaturas en el año y ella me aconsejó emocionada que lugares visitar en Buenos Aires (algún día!).
Me pregunta ¿a que te dedicas? Le respondo que soy arquitecta y me dice mi profesión frustrada. Le hago la misma pregunta y contresta estudié cine. Y yo ¿eh?, ¡esa es mi profesión frustrada! Ya se que suena a respuesta condescendiente pero nada que ver. Fue muy curioso para mí. Y la niña me cayó super bien. Al final se bajó en el Polyforum Siqueiros y se despidió gritando mientras se alejaba: ¡Me encanta tu país!
Y sí señores, no importa que tipo de influenza o crisis ataque este país, aún no he conocido a algun turista que diga que no le gusta México.












